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La Ruta de Olaya es la travesía más simbólica del Perú y una de las más extensas y exigentes de Sudamérica. Con una distancia aproximada de 22 km, recorre la bahía de Lima desde Playa Pescadores (Chorrillos) hasta Playa Cantolao (La Punta, Callao).
Este trayecto rinde homenaje al prócer José Olaya Balandra, quien en 1822–1823 recorria en secreto esta misma ruta para entregar mensajes a favor de la independencia del Perú.
Esta fue mi primera travesía de ultra distancia, y la realicé junto a mi esposo Diego. Fue una experiencia de profundo aprendizaje, llena de primeras veces, incertidumbre y descubrimiento, tanto dentro como fuera del agua. El frío y el cansancio marcaron el cuerpo, pero también hicieron que esta travesía se convirtiera en una de las más enriquecedoras de mi camino.
Nos enfrentamos a la Ruta de Olaya como parte de la preparación para el Canal de la Mancha, buscando emular algunas de las condiciones que nos esperaban. Hoy, la recuerdo como un punto de partida lleno de coraje, errores, aprendizajes y pasión.



Conocido como el “Everest de las aguas abiertas”, el Canal de la Mancha es uno de los mayores retos de la natación de larga distancia. Aunque su parte más angosta, entre Dover (Inglaterra) y Cap Gris-Nez (Francia), mide unos 32 km, las fuertes corrientes y los cambios de marea suelen extender el recorrido. En mi caso, nadé 42 km en 12 horas y 58 minutos, con temperaturas entre 14 y 15 °C.
La travesía está regulada por estrictas normas: está prohibido el uso de neopreno, así como cualquier elemento de asistencia o flotación. Una embarcación acompaña al nadador para brindar seguridad y abastecimiento, pero está prohibido tocarla en todo momento.
Cruzar el Canal de la Mancha marcó un antes y un después en mi carrera en ultra distancia. Fue la prueba que me demostró que los sueños se alcanzan con esfuerzo, disciplina y perseverancia. También se convirtió en la piedra angular del proyecto “7 Mares”, que guiaría mi camino en los años siguientes.



Una travesía única en el lago navegable más alto del mundo, el Titicaca, ubicado a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar. El recorrido une la Isla del Sol con la Isla de la Luna, cruzando aguas frías, en altura y con muy poco oxígeno, lo que convierte esta experiencia en un verdadero reto físico y mental, más allá de la distancia.
La temperatura del agua promedia los 12 grados, y como siempre, la enfrenté sin ayuda de traje de neopreno. Solo cinco personas lo hicimos de esa forma, y fui la única mujer en completar la travesía bajo esas condiciones.
Fue una experiencia transformadora, que no solo desafió mis propios límites, sino que también me permitió construir lazos con otros nadadores de la región y de Sudamérica, fortaleciendo la comunidad de aguas abiertas en este lado del mundo.



El segundo de mis “7 mares”, y una de las travesías más exigentes que he realizado. Aunque a simple vista puede parecer un recorrido en línea recta sobre aguas calmas, el Canal de Catalina es engañoso: en varios tramos, las fuertes corrientes en contra hacen que no avances… o incluso retrocedas.
Las condiciones particulares de este cruce obligan a que los nadadores salgan a medianoche, lo que significa nadar durante horas en completa oscuridad. La temperatura del agua, combinada con el viento, genera una sensación térmica muy baja. Las pausas para hidratarme y alimentarme debían ser breves, con mínimo contacto humano con el equipo de soporte. Fue una travesía fría, oscura y solitaria, que puso al límite mi capacidad física y mental.
Sin embargo, también tuvo momentos inolvidables. Esta zona del océano, entre la isla de Catalina y la costa de Los Ángeles, es rica en vida marina, y tuve la suerte de ser acompañada por delfines mientras me acercaba a la orilla para completar este desafío extraordinario.



Una de las travesías más icónicas del mundo: nadar alrededor de la Gran Manzana, recorriendo el río Este, el Harlem y el imponente río Hudson. Esta travesía es conocida como "20 Bridges" (en español: 20 puentes) porque, durante la travesía, los nadadores pasan por debajo de 20 puentes que conectan la isla de Manhattan con el resto de la ciudad de Nueva York.
A lo largo del recorrido, el espectáculo visual de edificios, parques y rascacielos, junto con el agradable clima y temperatura del agua, hicieron de esta experiencia algo realmente inolvidable.
Con este cruce completado, alcancé la ansiada Triple Corona de las Aguas Abiertas, un reconocimiento internacional otorgado por la World Open Water Swimming Association (WOWSA) a quienes completan tres grandes travesías: el Canal de la Mancha, el Canal de Catalina y la Maratón de Manhattan.
Me llena de orgullo haberme convertido en la primera ecuatoriana y la segunda mujer sudamericana en lograr este título.



La travesía Ederle-Burke Swim es un recorrido de aproximadamente 28 km (17,5 millas) que va desde Battery Park en Manhattan hasta Sandy Hook, Nueva Jersey. Este desafío lleva el nombre de dos mujeres pioneras: Gertrude Ederle, quien nadó esta ruta en 1925 antes de convertirse en la primera mujer en cruzar el Canal de la Mancha en 1926, y Eileen Burke, una maestra de Nueva York que completó esta travesía en 2010 y 2011.
Para mí, esta travesía tuvo un significado muy especial. No había participado en ninguna maratón desde 2019, debido a la pandemia y al nacimiento de mi segundo hijo. Completar este recorrido, rodeada del apoyo incondicional de mi familia, fue una reafirmación profunda de que estoy en el camino correcto, que el agua es mi elemento y que estoy lista para enfrentar los retos de mis 7 mares, sin importar el tiempo que tome.



¡Una experiencia fuera de lo común! Completamente fuera de mi zona de confort, pero que disfruté inmensamente. La natación de invierno, o ice swimming, es un deporte que se practica en invierno — como su nombre lo indica — y consiste en nadar en aguas con temperaturas gélidas, por debajo de los 5 grados centígrados.
En esta ocasión se llevó a cabo por primera vez un campeonato de estas características en Sudamérica, lo que llamó mucho mi atención. Gracias a retos previos, ya me había acercado bastante al agua fría y sentía que estaba capacitada para intentarlo.
Participé en varias distancias: 50 metros, 100 metros, 200 metros y 1000 metros, frente al imponente Glaciar Perito Moreno. La temperatura ambiente era de 5 grados y la del agua de apenas 3 grados. El cuerpo nunca llega a aclimatarse completamente a estas temperaturas, por lo que es vital calentarse bien al salir del agua para evitar la hipotermia.



Entre Escocia e Irlanda, esta travesía es una de las más desafiantes y la más fría de los 7 mares. Al principio, sentía mucho temor, pero una vez tomada la decisión de cruzarlo, no hubo vuelta atrás. Para prepararme, además de largas horas de entrenamiento en piscina, me sumergía en tinas de hielo para acostumbrarme al agua fría que me esperaba, que rondaba los 13 grados centígrados durante las 15 horas que me tomó recorrer 44 kilómetros de una costa a la otra.
Además de la temperatura, esta zona se caracteriza por la presencia de una de las medusas más grandes que existen: la melena de león, cuyos tentáculos pueden alcanzar hasta 20 metros. Al principio intenté evitarlas, pero fue inevitable que me picaran.
Esta travesía puso a prueba toda mi determinación y resistencia. Llegar a la orilla de Escocia después de todo el recorrido fue un momento indescriptible, que a veces aún me cuesta asimilar. Realmente, somos capaces de todo lo que nos proponemos con trabajo duro y determinación.



Uno de los eventos más hermosos en los que he participado. Se trata de un reto multietapa, donde se nada en cuatro lagos durante cuatro días seguidos, completando más de 60 kilómetros en Arizona, Estados Unidos.
Las siglas SCAR corresponden a los nombres de los lagos:
• Saguaro: 14 km
• Canyon: 15 km
• Apache: 23 km
• Roosevelt: 10 km
Más allá del nado y los paisajes increíbles, lo que realmente disfruté fue la camaradería entre todos los participantes, que hizo mucho más llevadero el cansancio acumulado.



Un nado increíblemente esperado, el más corto de los 7 mares, pero no por ello menos desafiante. En el Estrecho de Gibraltar se unen el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, lo que genera fuertes corrientes, aguas de distintas temperaturas y un intenso tráfico marítimo.
Es una travesía que exige mantener una velocidad mínima de 3 km/h para llegar al otro lado; de lo contrario, las corrientes te arrastran lejos del objetivo y obligan a abortar el reto. Es una travesía muy dinámica, sin espacio para el más mínimo error o duda, con abastos muy cortos y objetivos claros.
Aunque fue un recorrido rápido, fue intenso de principio a fin. En esta ocasión nadé junto a un compañero de Guatemala, Arturo, en modalidad tándem: nadamos lado a lado, compartiendo una sola embarcación de apoyo.
Con el Estrecho de Gibraltar completé el cuarto de mis 7 mares. Sin duda, muchas emociones acompañaron este desafío.
