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Mi nombre es Sara Palacios, aunque muchos me conocen como Sara de Mar. Naci el 26 de febrero en Quito – Ecuador. Soy nadadora de ultra distancia en aguas abiertas, quiteña de nacimiento, madre de Manuela y Horacio, y una mujer profundamente conectada con el agua desde que tengo memoria.
Aunque aprendí a nadar desde niña y pasé mi adolescencia entre entrenamientos y competencias, después del colegio me alejé del agua. Elegí enfocarme en mis estudios, en mi vida profesional y en construir otras áreas de mi vida. Durante años estuve lejos de las piscinas y del mar… pero nunca dejé de sentir que algo me faltaba.
Había una parte de mí que no encontraba su lugar. Extrañaba la sensación de flotar, la adrenalina, los desafíos. Pero, neciamente, trataba de llenar ese vacío lejos del agua, como si pudiera sustituir lo que solo el mar me daba.
Me tomó tiempo (mucho tiempo) volver a mi elemento. Volver a casa.
Y cuando finalmente lo hice, supe que no podía ser de forma tibia. Tenía que volver a lo grande, con un desafío a la altura de todo lo que había estado reprimiendo. Necesitaba romper esquemas, salirme de los moldes y desafiarme hasta el límite.
Así nació el sueño de cruzar el Canal de la Mancha. Un reto que no solo era físico, sino profundamente simbólico: era mi regreso. La piedra angular de un proyecto que no era solo deportivo, sino personal y transformador.
Ese cruce cambió mi vida. Y con él, nació el Proyecto 7 Mares.

En 2018 decidí lanzarme a uno de los mayores retos de mi vida: cruzar el Canal de la Mancha, la travesía más icónica del mundo. Luego de nadar durante 12 horas y 58 minutos, me convertí en la primera mujer ecuatoriana en lograrlo. Con eso, nació el Proyecto 7 Mares: mi sueño de completar las siete travesías más desafiantes del planeta.
Desde entonces he cruzado:
•El Canal de Catalina (EE. UU.), en 2019.
•La isla de Manhattan a nado, también en 2019.
•El Canal del Norte entre Irlanda y Escocia, en julio de 2024: 14h51min nadando en aguas de 13°C, sin neopreno.
•El Estrecho de Gibraltar, en junio de 2025, uniendo África y Europa en 4h34min.
Estas travesías me convirtieron en la primera persona ecuatoriana en completar la Triple Corona de las Aguas Abiertas, y en abrir camino para otros nadadores en desafíos que antes parecían imposibles desde nuestro país.
También he nadado rutas inéditas para el Ecuador, como:
•La travesía de Olaya en Lima (22 km, sin wetsuit).
•La travesía Ederle–Burke en Nueva York (28 km).
•El cruce entre la Isla del Sol y la Isla de la Luna, en el Lago Titicaca.
Nada de esto sería posible sin el apoyo de mi familia, especialmente de mi esposo Diego Egas, quien ha estado a mi lado en cada aventura, brindando asistencia en el agua, logística y, sobre todo, amor y confianza incondicional.
Mi propósito es seguir adelante con el Proyecto 7 Mares y, en el camino, inspirar a más personas a atreverse, a confiar en su fuerza interior y a encontrar en el agua, como yo, un espacio de transformación.
“Quiero inspirar a mujeres, a madres, que tal vez como yo, dejaron de soñar en algun momento y que piensan que no son capaces de plantearse y cumplir un reto, no importa de que magnitud. Cualquier persona es capaz de realizar algo extraordinario sin importar lo comúnes que seamos, porque llegar a la meta no es fácil y nunca lo será, pero sin duda es posible”
Sara Palacios
En cada travesía, no estoy sola. Detrás de cada brazada, hay un equipo fundamental que me acompaña, apoya y cuida en cada kilómetro recorrido. Son mi motor y mi fuerza, y juntos hacemos que lo imposible sea posible.

Jefe de logística y mi apoyo incondicional
A bordo de la embarcación escolta, Diego está siempre a mi lado durante las largas horas de nado. Es el encargado de brindarme alimento e hidratación en el momento justo, además de estar pendiente de mi ritmo y cadencia para ayudarme a mantener la fuerza y concentración. Con sus palabras precisas y ánimos justos, me impulsa cuando más lo necesito. También es un gran fotógrafo, capturando los recuerdos y emociones de cada aventura.

Mi vigía y fotógrafo oficial
Mi papá no me quita el ojo de encima. A bordo de la embarcación, además de tomar las fotografías más hermosas, lleva una pizarra con la que me transmite información clave sobre el cruce. Sus dibujos y palabras son más que mensajes: son símbolos de ánimo y energía que me motivan a seguir adelante.

El corazón en tierra firme
Mi mamá cumple una misión vital desde tierra: cuidar de mis hijos y ser el enlace entre nosotros y el resto de la familia. Su apoyo desde tierra me da la tranquilidad y fuerza para dar lo mejor en el agua, sabiendo que todo está en buenas manos.